Pump pump.
Pump pump.
Duele.
Me empieza a doler el pecho. Mucho. Diría yo que demasiado,
para que no sea nada. Me entra ansiedad. Se junta con un dolor inhumano justo
donde sentía mi corazón. Empiezo a temblar. Me invade el miedo. No sé que me
ocurre. Me quedo rígida, paralizada. Me mata el dolor. Lentamente. No soy capaz
de decir ninguna palabra. Empiezo a respirar exageradamente. En mis ojos se puede
ver el miedo. Miedo a no saber que ocurre. Si la muerte ha llegado, estoy
preparada, pero no quiero seguir sintiendo este dolor. Duele demasiado. Llévame
ya, pero que pare este sufrimiento.
Justo en ese momento aparece mi madre asustada por la
puerta. La respiración entrecortada y el sonido irreal de mis pulmones la ha
alertado. Sabe que algo no va bien, pero me pregunta si estoy bien. Me lee los
ojos. No consigo articular palabra. Se asusta. Grita el nombre de mi padre.
Entre los dos intentan sacarme palabras, pero no consigo emitir una respuesta.
Mi padre me coge en brazos y me lleva hasta el coche.
Urgencias...otra vez una
visita a urgencias. Me lleva preocupado hasta el hospital más cercano. No saben
que me ocurre. Solo puedo emitir sonidos de dolor. Cada vez duele más. Me hago
un ovillo y grito de dolor. Mi respiración y los sonidos que emito al intentar
hablar asustan.
Por favor, que pare ya. No lo soporto. Empiezo a temblar. La
ansiedad se adueña de mi. El dolor es muy extraño. Es justo en el pecho. Mi
corazón. Qué le ocurre? Soy muy joven para tener un ataque al corazón.
Me atiende un médico. Están preocupados. Sigo sin poder
hablar, pero señalo el pecho. Una enfermera dice: es el corazón. Llamar a un cardiólogo.
Por mis mejillas caen lágrimas como cristales. Como los
cristales clavados en mi pecho. Como cientos de puñales. Las lágrimas ahogan un
poco el dolor que siento. Es demasiado cruel. Qué hice para merecer esto? Mis
ojos se inundan y poco a poco se crea un río diáfano creando formas en mi rostro.
El dolor es tan fuerte que apenas consigo pensar en algo.
Solo quiero que cese. Parece que va haciéndose más leve.
Entre médicos, celadores y enfermeras parezco una muñeca con
la que jugar. Soy como un maniquí de prácticas con el que probar algunas
intervenciones. Me meten en una sala llena de maquinas. Creo que distingo al cardiólogo.
Aunque diría que todos parecen iguales con sus batas blancas. Solo pienso en el dolor, no puedo
diferenciar mucho. Me sujetan entre 5. Intentan sacarme sangre sin que me mueva.
Es difícil. El dolor hace que mi cuerpo sea intocable, como si fuera una
culebra que es incapaz de parar quieta. Me retuerzo. Consiguen clavar la aguja.
Ni la noto. Comparada con los cientos de puñales que se clavan en mi pecho eso
no es nada. No sale sangre. Tienen la vena pinchada, pero no sale sangre...no
sale nada. Prueban en otro sitio. Tampoco. No tiene explicación. Me preguntan
si me ha pasado otras veces. Consigo mover la cabeza en un gesto de afirmación.
Una vez, una enfermera se asustó al ver que la sangre se coagulaba al intentar salir y no conseguia nada, pero no podía explicarselo, a penas podía moverme. Después de varios intentos consiguen extraer un poco de sangre. Está coagulada, como aquella vez.
No saben si servirá para las pruebas. Sacan un frasco, bueno en realidad una
cuarta parte, pero llevan media hora y no consiguen que salga más.
Intentan auscultarme.
El latido es frenético, pero nada fuera de lo normal viendo mi cara, mis
movimientos y el dolor que siento.
Es como si mi cuerpo fuera un cristal. Como si estuviera
congelada. La sangre helada, mi cuerpo frio como el de un muerto. Como si me
fuera rompiendo a pedacitos.
No es un ataque al corazón. Estaba claro por mi edad. Pero
no saben que podría ser. Me hacen miles de pruebas. No consiguen hacerme un
electrocardiograma. No da señal. No es posible. Se oyen los latidos desorbitados.
El corazón no responde ante la maquina.
No estás muerta. Lo oigo. Porque no se activa? Dice el
médico sin explicación alguna.
Frio, tengo frio. No paran de echarme alcohol para poder
conseguir terminar la prueba. Después de tantos intentos consiguen que la
maquina haga su función.
Estaba muerto. El corazón, estaba muerto y helado. Yo estaba
congelada. Era la dama de hielo. Solo que muriendo de dolor.
El dolor empieza a parar. Poco a poco se hace más débil. Después
de inyectarme más de 6 tranquilizantes y varios goteros...parece que hacen
efecto. No me pueden dar nada más. Tengo el triple de dosis para una chica de
mi peso y edad, pero no me podían dejar así. Sufriendo. Muriendo de dolor.
Parece que después de todo me empiezo a quedar dormida.
Gracias por conseguirlo. Gracias por hacer que vaya desapareciendo este
infierno.
Los médicos no saben que me ha ocurrido. Todo parece que
mejora. Las pruebas salen bien. No ven nada raro. No debería de haberme
ocurrido nada. No se lo explican.
Vuelvo a la realidad. ya no duele tanto. Ya consigo hablar,
pero no sé explicar lo que me había pasado. Me dan el alta. No pueden hacer
nada. No saben que me ha ocurrido. Un ataque de ansiedad no crea todas esas
cosas. Algo ha cambiado. Pero tan solo lo sé yo. Algo se ha roto dentro de mí.
Ha desaparecido.
Cuando sientes cientos de puñales clavándose uno a uno en lo
más profundo de tu alma, cuando el aire ya no llega a tu garganta y las palabras
son solo suspiros que se escapan, entonces sientes el verdadero dolor. Cuando das
todo y ya nada es igual, cuando tus ojos se pierden y las lágrimas proporcionan
todo, todo por un amor, entonces, sólo entonces, sabrás lo que es dolor.
Mi vida esta envenenada para siempre por el dolor que he
sufrido todos estos años.
Estúpido corazón sin sentido, sin razón por el cual seguir
latiendo. Dejemos a un lado las penas y estos dolores, que ya necesitamos morir.
Muerte, llévame. No quiero volver a pasar por este dolor. No quiero más visitas
en plena noche a urgencias para luego volver a casa sin saber que ha ocurrido.
El dolor es lo peor en esta vida, y más cuando es alguien el
que te lo ha causado. Si esa persona a la que amabas te causa dolor, puedes
sentir un frío y un dolor tan grande que hasta se para el corazón. Se congela y
mueres de dolor. Mueres por dentro.
Decepción tras decepción. Todo llega. Siempre hay un final.
Ese día perdí lo más valioso que tenía. Mi corazón. Es un
dolor tan grande que no se puede explicar. No se lo deseo a nadie.
Ahora no siento nada. Me gustaría sentir. Pero no queda
nada. Si fuera otra época...ahora sentiría muchas cosas. Pero algo cambio todo.
Se llevo mis sentimientos, mis ilusiones, mi miedos, todo. Me quede vacía. Me
quede sola. Echo de menos todo aquello.
Somos un todo, una esencia llena de miedos, llena de sentimientos
y dolor y cada día algo ocurre y cambia nuestro estado de ánimo, o lo que sentíamos.
Pocas veces en la vida, el cupo de dolor llega a su final y todo cambia. Nos convertimos
en un recipiente vacío. En seres de hielo, inertes, inmóviles, exánimes,
indefensos. Dejamos de sentir. Ya no sentimos amor, dolor, pasión, nada. Tan
solo nos quedan los pecados capitales. Al menos aun nos queda algo. Lujuria, pereza,
gula, ira...aun queda algo de odio. Quizás, me haya convertido en una mala
persona. Pero este es mi final. El mundo me hizo así. El destino me ha creado
como ahora soy. No estoy contenta por ello, pero es lo que hay.
Sé que ahora no
volverá a funcionar nada igual. Sea como sea, llegas demasiado tarde, quizás
con muchas lágrimas de retraso y miles de sueños rotos. Además, llegas en el
momento equivocado, en el que todo parece haber terminado. En el que mi vida ha
llegado a su fin y ya no queda nada. Si
quieres quédate, pero ya sabes la verdad. Tu eres dueño de ti y de hacer lo que
te plazca con tu vida. Pero yo te avisé, luego no me lo eches en cara. Eres
libre de intentarlo, eres libre de luchar para que todo vuelva a ser como
antes, pero llegas tarde...muy tarde... yo ya perdí la esperanza. Y tú?
ADA
Tócame, hasta hacerme sentir tu ternura infinita, tócame,
para que pueda gozar de tu calor y de tus ganas de amarme, tócame eternamente
para que pueda volver a sentir y llenar este hueco vacio.
Manchas, sangre. Sueños y juegos de críos. sálvame de líos,
cúrame el dolor y devuélveme lo que era mío.
Sangra por los dos o guárdame del frio. Todo por unos
labios que me curen las heridas y
me devuelvan al camino.